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Recursos educativos

La educación como clave para afrontar el futuro

La educación como clave para afrontar el futuro

Una mejor preparación podrá abrir puertas en un contexto económico cada vez más exigente y competitivo.

Según José Antonio Marina «El talento no es un don sino un hábito». Para el filósofo, «en la vida se reparten cartas genéticas y sociales que no podemos elegir. Siempre es mejor tener cartas buenas que malas, pero educar el talento es enseñar a jugar de la mejor manera posible con las cartas que se tiene». ¿Y cómo conseguir entrenar el talento? Por supuesto, con educación.

En la última década, la escuela perdió crédito como ascensor social y económico, sobre todo por culpa de los efectos de la burbuja inmobiliaria sobre la valoración del empleo no cualificado-un albañil podía ganar más que un catedrático de universidad-, pero la crisis ha llegado para destruir un falso mito y ha demostrado que los más preparados son quienes más instrumentos tienen para sobrevivir a los efectos devastadores de la depresión económica que está atravesando nuestro país. De hecho, las posibilidades de empleo para la población aumentan a medida que se tiene un mayor nivel educativo. Así lo recoge el anuario de «Las cifras de la educación en España», correspondientes al curso 2010-2011, ya que el 78.9% de los que tienen educación superior están ocupados frente al 40% de los que se quedaron con el título de primaria.

Mejor con idiomas

Esta mejor preparación permitirá abrirse camino en un contexto económico cada vez más exigente, donde el aprendizaje de otros idiomas es clave para resultar competitivo y tener más oportunidades tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. De hecho, el informe de Infoempleo cifra en un 72% las ofertas de trabajo cualificado que exigen inglés, una formación que se valora más que el currículo académico y que obliga al 18% de los graduados a seguir estudiando idiomas tras licenciarse.

A pesar de los esfuerzos renovados de algunas comunidades autónomas por mejorar el nivel de sus estudiantes, en 2010 el 40% de los alumnos de Selectividad de junio suspendió inglés, y en España solo el 17% de al población piensa que lee inglés correctamente, frente al 14% que lo entiende y al 11% que lo habla bien (y puede que algunos hayan mentido...)

Todavía son muchos los que sienten vergüenza al hablar otro idioma (y peor aún, vergüenza ajena cuando otro se atreve). Además, las horas de inglés en la escuela son insuficientes y muchos profesores especialistas carecen de instrumentos pedagógicos. «Para aprender a conducir un coche no hace falta saber cómo funciona un motor-explica Vicent Brotons, director de la Unidad
Multilingüe de la Universidad de Alicante-. En nuestro sistema educativo se ha enseñado mucha gramática, fonética descontextualizada y listas de léxico que se olvidan al día siguiente, cuando lo verdaderamente importante en una lengua es que se aprenda en uso. Con motivación y buena didáctica se pueden compensar las dificultades». Para que el segundo idioma no sea una perpetua asignatura pendiente, se recomienda a los padres que sus hijos comiencen cuanto antes con el aprendizaje, ya que a temprana edad el sistema fonético es más flexible y se realiza de forma más natural. Cuánto más pequeño sea el niño, más facilidades tendrá para escuchar, familiarizarse, aprender otro idioma e, incluso, convertirse en bilingüe. De hecho, algunos estudios demuestran que el niño que habla dos idiomas desarrolla más rápido destrezas como la atención selectiva, una habilidad para concentrase en detalles importantes que le ayudará en posteriores aprendizajes.

Ojo con las matemáticas

¿Qué ocurre con las matemáticas, otro de nuestros agujeros negros según el Informe Pisa, que cada tres años nos vuelve a sacar los colores?

Según estas investigaciones donde se compara el nivel de los alumnos de todos los países de la OCDE, el 23% de los alumnos de 15 años en España no alcanza el nivel mínimo de lengua y matemáticas, y apenas un 10% entra en los niveles de excelencia, frente al 16% de Francia o el 20% de Finlandia, el país mejor situado.

Para María Antonia Canals, autora de más de veinte libros sobre pedagogía de las matemáticas, muchos niños cuando llegan a finales de la primaria se cierran a esta materia porque no la entienden. «No han hecho un buen aprendizaje de los números, ni de las categorías geométricas de la figuras, y les falta mucha práctica en razonamiento lógico, estrategias, simbolismo... En consecuencia, les cuesta mucho entender el lenguaje algebraico y se estrellan con el álgebra al llegar a secundaria». ¿Dónde está el fallo? Para muchos expertos, sobre todo, en la manera de enseñar las matemáticas, demasiado rígida y mecanicista, prive a los alumnos de hacer sus propios descubrimientos y conjeturas. Falta formación inicial en maestros y profesores, que muchas veces enseñan como recuerdan que les enseñaron a ellos. El alumno no toca las matemáticas ni las hace suyas y la frustración acaba provocando el rechazo... para toda la vida. Como dice Paul Lockhart en el Lamento de un matemático, «Creemos que las matemáticas son muy importantes, pero nos olvidamos de que nuestros niños tienen que “hacer” desde el primer momento, practicando el descubrimiento. ¿Qué les ofrecemos en lugar de hacer matemáticas? “Que hagan cuentas”».

El tipo de preguntas que se hace en las pruebas tampoco favorece que nuestros alumnos saquen buena nota, se tiende al problema largo con mucho apartados y que requiere muy buen nivel de comprensión, lo que nos lleva a otro problema no menor, el de la asignatura de lengua. Las deficiencias que nuestros alumnos presentan en lengua influyen también en la falta de comprensión de materias como las matemáticas, que requieren, además un alto grado e abstracción. La maestra y psicopedagoga Isabel Cerdán es explícita al respecto: «El lenguaje es una herramienta fundamental para resolver problemas, tanto para entender el Conocimiento del Medio y la Literatura, como la Física y la Filosofía. El problema es que en la escuela se abandona muy pronto el lenguaje oral, sigue habiendo mucha prisa por pasar a la escritura y no se trabaja lo suficiente la capacidad de relacionar y de sintetizar. El lenguaje solo se aprende leyendo, hablando, escribiendo y escuchando, y faltan espacios para experimentar y ensayar esas habilidades».

La experta en pedagogía de las matemáticas, María Antònia Canals también va por esa línea: «A la hora de elaborar estrategias para hacer pensar a los alumnos, es conveniente que muchas veces sean ellos mismos los que creen el enunciado del problema, lo que ayuda a consolidar los aprendizajes que ya han hecho, así como pedirles que verbalicen qué piensan al respecto y cómo han decidido que se puede resolver lo que les han (o nos han) planteado».

El papel de los padres

Isabel Cerdán recomienda a los padres que no se obsesionen con los resultados ni las asignaturas pero, sobre todo, que participen en la educación de los hijos: «No hay que perder de vista que el objetivo de todo el sistema educativo es conseguir generar autonomía de trabajo y autonomía personal, con ética a través del deseo de seguir aprendiendo».

Pero, realmente, ¿pueden los padres, que deseen hacerlo, involucrarse en la escuela o sigue siendo un territorio vedado? En Finlandia, los padres, por ley, pueden entrar en el aula de sus hijos cuando quieran y en Inglaterra pueden realizar inspecciones independientes, como un ejercicio del derecho a recibir información sobre el desarrollo escolar de sus hijos. En España, sin embargo, se produce una dicotomía: los padres forma parte (oficialmente) de la comunidad educativa, pero muchos prefieren lavarse las manos y depositar todo el peso de la educación en la escuela, mientras los que realmente quieren participar se quejan de que son tratados como intrusos y no hay cauces para ellos.

Lo cierto es que los recelos son mutuos y los padres que quieren involucrarse tampoco son tantos. Los datos hablan por sí mismos: el 49% de los padres reconoce que no participó en la última elección de representantes de padres para el consejo escolar de centro, según el informe de FUNCAS «Educación y Familia»; y el 75% de los enseñantes cita como factor perjudicial para el reconocimiento de su autoridad la actitud de los padres que cuestionan sus decisiones delante de los hijos, una opinión que respaldan el 68% de las familias y el 45% de los alumnos. Además, en la falta de implicación de muchos padres con la educación de sus hijos se producen ciertas paradojas como que, según una encuesta de Intel Corporation, los padres se sienten más preparados para hablar con sus hijos del abuso de drogas que de matemáticas y ciencias. Isabel Cerdán aporta una solución a esta falta de participación de los padres: «Que los padres creen situaciones de comunicación tanto con sus hijos como con los docentes de manera cotidiana; que los límites estén claros en todos los sentidos y que se sistematice el trabajo en casa. Lo que no se puede transmitir es lo que no hay: ¿si los padres no aman la naturaleza como van a hacer que sus hijos quieran ir al bosque?»